Corrían los postreros meses del 2012 y me encontraba en la ciudad de Ensenada, B.C., realizando una residencia artística avalada por el Consejo Nacional de la Cultura y las Artes de Chile y el Fonca de México. Con ocasión de una de las presentaciones audiovisuales que debía hacer en Cearte (Centro Estatal de las Artes) como retribución al estado mexicano, conocí a la maestra y poeta Elba Jordán Siqueiros. En un encuentro posterior me habló de la escritora y curadora chilena Berta Armas Latorre, quien residía, desde hace algunos años, en esa misma ciudad. Me reuní con ellas en varias ocasiones, y se fue fraguando una amistad a prueba del tiempo. Al expirar el período de mi residencia, ambas me instaron a que escribiera una crónica literaria sobre el libro “Nostalgia y otros mares”, el que sería publicado el año siguiente, con la pluma infalible y afinada en el prólogo del escritor Rael Salvador. Estas son las líneas que rubriqué con aprecio para aquel encargo, las cuales fueron trascritas en el Suplemento Cultural Palabra, medio en el cual ejercí la corresponsalía en Chile y México por algunos años. La crónica de marras es reproducida en este blog de manera íntegra y sin correcciones ulteriores.
A Ofelia Siqueiros, que ve más allá del tiempo,
de los árboles y del bosque.
El poeta chileno Gonzalo Rojas, en uno de sus célebres poemas pregunta a lo Absoluto o al hacedor de todo lo existente: “¿Qué se ama mi Dios cuando se ama, la luz de la vida o la luz de la muerte?”.
¿Cómo puede vincularse en un mismo verso, el sentimiento del amor, que por antonomasia asociamos a la génesis y eclosión de toda vida, con la negación de ella que es la muerte? ¿Acaso Eros (instinto de vida) y Thanatos (instinto de muerte) pueden coexistir en ese sentimiento sublime y trasuntarse consiguientemente en la poesía y el arte? ¿En sus extremos, pueden unirse la luz de la vida, con el mal y la muerte?

Me pregunto lo anterior, no sólo a propósito del poema de Rojas, en el que la yuxtaposición vida-muerte es de una potencia sobrecogedora e inigualable, sino también a propósito del libro “Nostalgia y otros mares” *, el que me regalara una amiga coterránea recientemente en Ensenada. Este poemario, que nos habla de la existencia y de la extinción del amor, podría titularse “Nostalgia y otros males”, y daría perfecta cuenta de los mismos elementos con los que sus autores (Berta Armas, Elba Jordán y Oscar Gorosave), consciente o inconscientemente, plasmaron sus historias de amores románticos y eróticos, ya sobrevivientes o fracturados, ya maltrechos o rotundamente malogrados.
AMOR Y DESAMOR.
¿Pero puede el erotismo imbricarse a la muerte? Georges Bataille, en su lúcido ensayo sobre “Cumbres Borrascosas”, esa bella y profunda historia de amor nacida de la imaginación de Emily Bronté, nos acerca al sentido profundo de esta expresión propiamente humana, al afirmar que “El erotismo es la ratificación de la vida hasta en la muerte” (La literatura y el mal, Georges Bataille). En efecto, si nos adentramos en el mar al que los autores del libro reseñado nos convocan, encontraremos en él a todos aquellos implicados que zarparon al viaje-ilusión del amor y que navegaron en sus aguas de manera plácida o turbulenta, esperanzada o insatisfecha, y también a aquellos náufragos cuyos restos hallamos en medio de la espuma de un mar convulsionado de ilusiones incumplidas o de pasiones tempestuosas.
La embriaguez del eros o el abismamiento de los cuerpos:
“Tu respiración
se diluye mil veces
en la agitación de un gemido,
cuando tiembla y cuando hierve,
el tallo húmedo que libas”
(Oscar Gorosave).
El amor prometido y malogrado:
“Nuestros corazones
quedaron pendientes
en la línea imaginaria
que une tu tierra y la mía”
(Elba Jordán).
El amor expiación y su condena:
“…sólo viajo hacia el abismo del desamor
a vivir el destierro que yo elegí
junto al que no amaba“
(Berta Armas).
Todas estas y otras experiencias amorosas moldeadas, en mayor o menor medida, por la transgresión, son recuperadas por el poder de la memoria (recordar, según su etimología, es volver a pasar por el corazón), y en ella la reminiscencia y la nostalgia se empoderan y entrecruzan, recuperando para sí, en el acto poético, las confesiones amorosas de sus protagonistas, ya transmutadas y embellecidas, ya sean ellos mismos víctimas de desencuentros o los propios victimarios. Porque el bien y el mal, la vida y la muerte, son inseparables de la naturaleza humana; la literatura, que es terreno sagrado de las pasiones, refleja fielmente esta identificación de las polaridades en el paroxismo del Eros, en el grado último de su exaltación, de su imposibilidad o su descalabro.

LOS AMANTES Y EL MAR.
Pero el gran protagonista de este libro es también el mar. El océano con su profundidad abisal, con su poder purificador, es el polo de atracción que incita a los amantes a la ablución o la muerte. No por nada poetas suicidas se internan en sus aguas para desaparecer definitivamente en ese líquido amniótico de nuestro mundo terrestre, el que nos remonta al origen materno (Alfonsina Storni, Virginia Woolf, Paul Celan, por citar algunos que sucumbieron a su llamado). De manera recurrente, y más allá de la geografía de una ciudad marítima que los mediatiza y los condiciona de manera complaciente, también Armas, Jordán y Gorosave, expían sus culpas y se purifican subliminalmente en las aguas de su puerto natal y entrañable.
“Nostalgia y otros mares” es un libro que, más allá de los hallazgos, aciertos e irregularidades estilísticas a toda empresa poética, configura una valiosa escritura críptica (pero descifrable) sobre el amor romántico y erótico que nos lleva a interrogarnos sobre su esencia y sus avatares. ¿Es que la consumación del amor en la pareja (o en el matrimonio establecido) es la forma más propicia de sepultar el amor verdadero? ¿Acaso el único amor que perdura es el que no se consuma jamás y sólo queda como promesa en la imaginación febril de los amantes? ¿Es mayor su intensidad en la medida en que irrumpe la devastación, la muerte o el silencio (esa otra clase de muerte en vida) de los que un día se amaron? ¿Se destruye lo que verdaderamente se ama?
Berta Armas sella el destino de los implicados, de manera lapidaria, en estos versos conmovedores:

“vaciada de amarte
te devuelvo vírgenes las horas
y te dejo…
recojo mi deseo de ti
y te dejo…
me reconozco tuya…
y te dejo”.
Si sabemos bucear en las aguas de su mar, el valor de este libro radica en inducir poéticamente al lector hacia aquellas interrogantes que nos asaltan cuando todos duermen, cuando dejamos de funcionar en el imperativo de las convenciones sociales, cuando en la vigilia, el misterio del amor, de la vida y de la muerte, se apoderan de nosotros, y cuando en la penumbra –junto a ese ser que yace ajeno a nuestro lado-, tímidamente esbozamos una respuesta que nos aterra, cada quien escondido en los repliegues de su alma y de su historia amorosa personal.
Rakar / Ensenada, Baja California, Méx., otoño de 2013.
* “Nostalgia y otros mares”, de Berta Armas, Oscar Gorosave y Elba Jordán (Jordán Ediciones, Ensenada, B.C., 2013).
Suplemento Cultural Palabra Nº 139 / Domingo 17 de noviembre de 2013.
Imagen destacada: Melancolía, 1894-1895, Edvard Munch.
