Iluminado por las Sombras
(In Memoriam de Rael Salvador)
Todos bailamos con la muerte y esa es nuestra grandeza,
siempre y cuando permanezcamos vivosRael Salvador
UN ADELANTADO
Algo ocurre en nuestro corazón cuando, como un ramalazo en pleno rostro, nos sacude la noticia de la partida de un amigo; es como si un árbol se derrumbara en el paisaje interior de nuestras vidas. Cuando el ser querido abandona el escenario de este mundo y le sobrevivimos, es lugar común decir que fue “un adelantado”. En rigor, pienso firmemente que Rael Salvador se nos adelantó en todo. Más aún, él era un adelantado por excelencia, de aquellos seres únicos que exploran, cual avezados geógrafos, no sólo el mundo que le fue dado vivir, sino también las cartografías del alma, aquellas que definen por esencia lo propiamente humano.

Como hacedor de imágenes, escudriño una y otra vez su fotografía de niño de medio cuerpo; intento descubrir en la mirada melancólica de ese rostro (que tiene todo el mundo por delante), los rasgos en ciernes del escritor “adelantado” que muchos conocimos de adulto. Mas, la imagen, por sí sola, me deja en la epidermis. Sólo acuden en mi auxilio sus propias palabras en la Carta que le entrega a su progenitor en el Día del Padre: “De usted, Padre, seguro lo recordará, una Navidad recibí mi ‘oficio’: una ‘Enciclopedia Roja’ (Argos, 1971), que aún sigo considerando el pilar de mi formación de escritor y amante de lo griego”. Y a través de esta misiva, me entero de que siendo aún un joven, su progenitor le apura para que viaje a Mexicali a cobrar el Premio Estatal de la Juventud en Creación Literaria (su primer “galardón” importante). El muchacho Rael, comprendemos, lleva toda la potencialidad del hombre maduro, y con los años descubrirá en esa convivencia paterna y fecunda, la génesis de su viaje personal por los derroteros de la literatura que signarían su destino.
EL ENCUENTRO
Me sería imposible hablar de Rael sin mencionar el contexto de nuestro encuentro, y sin referirme a ciertos hitos personales que nos fueron vinculando en el camino. Le conocí en el ya lejano 2012. Me encontraba por unos meses en Ensenada desarrollando una residencia artística en el área de Fotografía. Me acerqué al periódico El Vigía sin conocer a nadie. Me movía el deseo de difundir en algún medio las presentaciones audiovisuales que realizaría en el Centro Estatal de las Artes de Ensenada (CEARTE) las semanas siguientes. En el vestíbulo del edificio me atendió la periodista Monserrat Buendía y le enseñé los libros publicados: El Viaje de Rakar (sobre Pueblos Olvidados de Chile), y el catálogo La Locura de Artaud-Van Gogh, o el desquite de la Locura, pues ambos correspondían al contenido de las exhibiciones. Ella me pidió los ejemplares para enseñárselos al editor, y se ausentó unos instantes. A los pocos minutos regresó junto a Rael, quien me concedió afablemente su atención y su tiempo. Supongo que sólo las cubiertas de los ejemplares (que incluían textos de Baudelaire y Artaud, respectivamente) tocarían alguna de sus fibras más sensibles de ese “malditismo” juvenil que aún reverberaba en sus pasiones literarias. El hecho es que, desde el inicio sentí con él una correspondencia en la manera de ver el mundo y de sentir. Luego me pidió que lo acompañara a la sala de redacción y me presentó a la periodista y escritora Herandy Rojas, a quien le encargó que me entrevistara de inmediato para una crónica que publicaría en PALABRA.
Transcurrieron unos días y, en virtud de nuestra afinidad personal, lo invité a participar en la presentación de los audiovisuales, a lo que accedió con beneplácito. Después de cumplidas las exhibiciones en CEARTE, donde su aporte fue crucial, y después que él comentara varias imágenes en El Vigía, nos reunimos en un bar de la ciudad para compartir algunas horas. Nos acompañó Herandy Rojas y la poeta mexicalense Oralia López, a quien yo había conocido recientemente. Fue en esta ocasión en que Rael me sorprendió ofreciéndome la corresponsalía de PALABRA en Chile que, por entonces, se publicaba semanalmente.
A fines de 2017 publiqué el fotolibro Retratos (des)de la Locura (Hospitales mentales en Chile). Algunos meses antes le pedí a Rael que lo prologara. Tituló su texto Luz coagulada. Aciertos más allá del marco de la razón, y como epígrafe citó una frase de Pascal Quignard: “El alma aproxima la luz de su propia noche”. El año 2018 regresé a Ensenada para la presentación del libro de marras en la Biblioteca Pública Benito Juárez. La había organizado el poeta y amigo Lauro Acevedo y, por supuesto, participaba también Rael. En dicha ocasión propició que yo pudiera intercambiar mi libro con uno que portaba en sus manos el escultor José Luis Morales; se trataba de la joyita literaria Expresiones de la locura: el arte de los enfermos mentales, escrito por el psiquiatra vienés Hans Prinzhorn, y que yo había buscado por años. La escena fue registrada por el mismo Rael en una fotografía en cuyo pie agregó: «Rakar consigue un cambalache de altura: para eso sirve la luz de la imagen y la palabra» (noviembre 6, 2018).
CARTA A SU PADRE
El año 2022, con ocasión de la muerte de Jesús Salvador Vargas Cota (1938-2022), Rael publicó una Carta a su padre recién fallecido, y le escribí lo siguiente: “Sé que todo es muy reciente, pero leyendo tus textos en homenaje a tu padre, pienso que se justificaría sobremanera que ellos tuviesen un espacio más digno que Facebook, pues lo que aquí se publica se lo lleva el viento y la hojarasca de los likes. Sería emocionante que el próximo Nº de PALABRA lo dedicaras entera, o principalmente, a la figura paterna (obvio, de manera genérica), la cual ha inspirado desde emotivas apologías hasta las repulsas más acerbas (como la consabida de Kafka), pasando por el Retrato distante de Auster. Mi relación con mi padre difiere sustancialmente de la que tuviste la fortuna de vivir con el tuyo, pues te acompañó por muchos años, y el tiempo te dio la opción sanadora del imprescindible reencuentro, ese que sólo nos allana la indulgencia y nuestros más sublimes sentimientos. Si le das vuelta al asunto, y cuando pasen unos días, me comentas.” Me respondió inmediatamente, como siempre lo hacía. “Si nuestras palabras mueven a un lector a abrazar con indulgencia y más bondad a ‘su viejo’, la causa ya está ganada”.
Así, motivado por la crónica que le enviara sobre mi propio padre (“un retrato de época maravilloso”, me escribió), Rael se manifestó entusiasmado ab initio para armar este número dedicado a la figura paterna. Sus dos textos publicados que me habían conmovido, eran: en primer lugar, aquella Carta que le entregara a su progenitor con ocasión del Día del Padre hace algunos años, en una de esas tantas “reconciliaciones”, y que él había recuperado: “… ahora que la recupero, me regocijo al leerla de nuevo, porque sé que fue uno de los tesoros que guardó con calidez, junto a los libros que publiqué y le dediqué… y que fueron su orgullo”, le escribe emocionado. El segundo, titulado Padre, tendría mucho que decirle, era un sentido Adiós a su progenitor.
Para esta nueva consonancia que nos unía, me pidió que me encargara de la introducción y que incluyéramos -además de las nuestras- otras dos narraciones: la de Roberto Castillo que le había enviado “una belleza de texto”, y también la de Tomás Di Bella, ambos escritores de Baja California. Avanzando en el propósito, me envió las siguientes palabras: “Interesante introducción al tema, Rakar. No me han mandado el texto de Tomás Di Bella (…), con el cual amarraremos el cuarteto o quinteto, porque meteremos el poema Los mellizos de Bukowski (el cual, seguro, conoces)… Saludos, y gracias. Bellas palabras”. Titulé aquella introducción Viaje al fondo del Padre (“Una odisea de dos vidas”). El subtítulo lo había tomado de la misma Carta de Rael, y juntos elegiríamos la imagen de portada. Todo indicaba que se publicaría el número. Sin embargo, unos días después, me informó que por “cuestiones familiares” consideraba inoportuno publicarlo y que había decidido dejarlo pendiente. Le respondí que no se preocupara y que aplazaríamos su publicación para cuando lo estimara conveniente. A finales de 2025, volvimos a retomar el asunto y me expresó que estaba dispuesto a ponerlo en agenda, porque “el tiempo ha despejado ciertos prejuicios, nieblas en el orden de lo que es ético publicar o no”.
“UNA JOYITA PARA ENSENADA”
En una ocasión, haciendo algunas fotografías en la ciudad, me crucé con un amigo de Rael que estaba de paso, y que me había presentado días atrás en el periódico. Hablamos unos minutos. No retuve su nombre, pero hoy evoco nítidas sus palabras: “Rael -me dijo-, es una joyita para Ensenada”. En efecto, todo en Rael era original y diferente, muy propio de esas escasas personas que el destino nos pone en el camino, que nos contagian con su sola presencia y dejan una huella indeleble. Para él, el arte y la cultura no eran divertimento, ni liviandad, ni expresión sublimada o encubierta de la vanidad humana, como es frecuente. Siendo el gran lector meditativo que era, el arte para él no sólo debía tener una función moral o formativa (como le dictaba su acendrada vocación de maestro), sino que debía subvertir el orden de las cosas, sin complacencias ni concesiones, como me lo expresó en una oportunidad. Asimismo, en esa ética de las palabras en que se sustentaba su escritura, radicaba su valor y su coherencia interna; rara avis para quien las ideas eran para vivirlas y no para presumirlas como lánguidos trofeos académicos.
Sin duda, Rael fue un adelantado en todo sentido. Era un escritor que, provocado por la imagen, y como pocos, era capaz de adentrarse en los símbolos y en las correspondencias de las cosas; allí donde la gran mayoría se quedaba sólo en la epidermis de la realidad, él iba mucho más lejos, pues era un visionario. El cine y la fotografía, como signos de la modernidad, eran desnudados en el escenario de sus incandescentes palabras con una écfrasis original, o al menos una mirada nueva, y que nos remitían siempre, como telón de fondo, a su depurado humanismo de impronta existencialista.
Siendo, además, hombre de su época y su contingencia (como lo fueran sus dilectos Camus o Sartre), no estaba ajeno a los grandes conflictos sociales y políticos que remecen el mundo, y que interpelaban su conciencia artística. Por ejemplo, sobre la situación de los niños en Gaza (en su emotivo y luctuoso Memorial del Instante), o sobre el estallido social en Chile (por entonces, me pidió un texto que publicó con el título Carta desde Chile).
PALABRAS FINALES
Has salido Rael por completo de la escena de este mundo. Tu vida y tu obra se cierran en ese círculo perfecto e incomprensible, como es el misterio mismo de la muerte con la que “todos bailamos”. Como buen adelantado e iluminado por las sombras que fuiste, nos rebasaste también en esta doble partida. En tu natal Ensenada me prodigaste esa hermosa hermandad mexicana, tu valiosa amistad, tu generosidad de espíritu y tu vasto conocimiento, como sólo los grandes saben hacerlo. En uno de tus mensajes postreros me escribiste: “Rakar: disfruta de todo lo que te ilumine, que para eso son las sombras; al asombro se llega por vía de las llamas metafísicas”. Así será Rael, mientras permanezca en este Viaje de sombras que iluminan, seguirás viviendo en mi memoria y la de todos aquellos que te sobrevivimos consternados, como navegantes dolientes en esta frágil barcaza que llamamos vida.
Rakar,
Horcón (litoral central de Chile)
Abril 6 de 2026
